20 de julio de 2022

Volar descalza.

SOLTAR.

Eso es lo único que realmente tengo que hacer.

Soltar el miedo.

Soltar el futuro.

Soltar el pasado.

Soltar todo lo que creo que soy.

Dejar de vivir pensando que lo tengo todo controlado.

Dejar de vivir en la certeza.

Soltar y confiar en que la vida me sostiene.

Confiar en que el mundo no se desmorona si dejo de sujetarlo.

Confiar en que todo sale según el plan de lo imprevisto.

"El conocimiento es saber y la sabiduría es hacer." Esa es la única ley a través de la cual me quiero regir.

Lo único que existe es el hoy. Ni pasado ni futuro.

Soltar todo mi pasado sin miedo a no saber quién soy si lo hago.

Soltar el rencor y el juicio.

Soltar quien se supone que he sido.

"Las personas más difíciles de amar son las que más lo necesitan". Incluso cuando se trata de mí. Incluso cuando se trata de las personas que me han dañado. O que se han dañado a través de mí. En ese caso, ¿dónde está el infierno? ¿Dónde está la falta de paz? ¿Dónde está la petición de ayuda? En el fondo, siempre hemos sabido la respuesta.

Necesito mucho menos de lo que pensaba. A veces no soy consciente de lo feliz que soy realmente.

El ruido no me deja ver con claridad.

"Saca la basura."

Regresa.

Regresa A TI.

Ese es el verdadero Camino del Héroe.

28 de marzo de 2022

Indómitos.

El miedo al mar es el miedo a lo desconocido, a la incertidumbre, a que algo horrible pase si no tienes todo amarrado y los pies en la tierra, en el lugar donde creemos tener el control, aunque no.

Porque el mar es imposible de domar. Es salvaje y bravo. Va hacia donde el viento dirige y se deja llevar a una coreografía armónica y caótica a partes iguales. Recoge y remueve sedimento, flora y fauna, y el juego consiste en un acto de fe ciega en la corriente. Los que acepten su voluntad, entenderán para qué están ahí y sabrán ver recursos y oportunidades a su alrededor. Los que no, morirán ahogados luchando contra lo inevitable.

En él no existen conceptos como la justicia o la injusticia. El mar únicamente es, sin voluntad de dañar o beneficiar.

Está en uno mismo permitirse cesar la lucha y dejarse fluir, danzar con el viento y las olas, y disfrutar de su calma y su tempestad.

1 de octubre de 2021

Pétalos y plumas.

 A veces lo siento TODO.

Me quito la burbuja y, con nada más que mi propia piel como abrigo, me lanzo de cabeza al cielo y permito que el polvo cósmico entre de lleno en mis pulmones. Y entonces vuelvo a respirar...

Siento cómo se desenredan las lianas y regresa cada una al lugar al que pertenece, que nunca fue aquí. Noto la marca amoratada que han dejado en mis muñecas, en mi cuello y en mi tórax. Noto cómo el dolor va seguido de la liberación progresiva más razonable de la historia.

¿Para qué vinimos si no es para ser nosotros? Lo siento, es el único papel libre en la anti-obra, en la que la idea es salir del personaje y ser capaz de meterte en ti.

Si tú fueras tú, ¿qué sentirías?, ¿cómo actuarías?, ¿qué callarías? A veces, el silencio de una mueca esconde quilates de núcleo duro.

¿Qué cosas dirías si no tuvieras miedo de su miedo? ¿Qué liberarías de ti si todos sintiéramos con los poros, abiertos y en contacto, en lugar de sentir con un corazón aprisionado entre costillas, esternón y pulmones?

Si entendiéramos que somos irrompibles, que lo que se da nunca se pierde, no nos temblarían las manos al sentir el calor de las huellas dactilares de otro.

Sólo me interesa el ojo del huracán, el lugar con vértigo y vistas, el abrazo del sol, la fiereza del mar, la suavidad de la flor y cualquier cosa que me conecte con el motivo por el que sigo aquí.

Lo demás es ruido.

"El vértigo había desaparecido. Sentí una embriaguez especial, una sensación no malsana de poder y de dicha. Subía hasta alturas increíbles y luego me dejaba caer, planeando suavemente, con las alas extendidas y, aunque cerrara los ojos, no corría riesgo de estrellarme, y me dejaba guiar en mi vuelo por impulsos arbitrarios y extraños, y sentía que, de algún modo, estaba trazando en el cielo un dibujo coherente y estético." - Mario Levrero.

8 de agosto de 2021

Torbellino fortuito.

 En la penumbra y a solas me convierto en una espectadora del mundo, ajena al resto de vidas y absolutamente desconectada del cosmos. El aire se siente cargado, me cuesta hacer llegar un mínimo de oxígeno a mis pulmones y un pellizco en el lado izquierdo de mi pecho hace que cualquier lugar sea incómodo.

Abres todos los cajones, pero no encuentras. No entiendes, no procesas. Solo sientes, pero no es agradable. Pienso en volatilizarme en mil partículas lo más dispersas posible. Me voy lejos para que el humo no me alcance, pero da igual lo lejos que te vayas cuando el incendio es interno.

Cuando el caos invade, lo único que se puede hacer es cerrar los ojos y esperar que pase.

Y hoy es uno de esos días.

13 de julio de 2021

Aurora.

El aire a mi alrededor aún no se percibe nuevo. Sigue estando lleno de ácaros y polvo de los tomos que se han llevado de la mesilla y los que saqué de la estantería. Sin embargo, sí percibo el vértigo del primer día, que se afronta con ilusión y pánico a partes iguales, sin apenas saber qué sentir.

Es curioso el abismo que se genera con algo que era tan tuyo. Entras en otro plano astral, en una línea de tiempo paralela, te ves ajena a lo que estás viviendo y sólo en contadas ocasiones consigues conectar contigo o con alguien.

El dragón duerme en sus aposentos cansado de que nadie le preste atención. Espera la ocasión para desplegar las alas y encender las intensas llamas de su pecho. El día que suceda, la luz se apoderará de todo cuanto alcance. No hay duda. Sólo hay que despertar.

No conozco el camino, conozco mis pies endurecidos y agrietados. Conozco mi espalda fuerte y torcida cuando no encuentra una buena postura, mis brazos cálidos y firmes, mis piernas a veces cansadas, pero persistentes. El camino es únicamente un pie detrás del otro en cualquier dirección que me lleve a mí. Un misterio.

Llevo demasiado tiempo perdida.

El descanso será ser únicamente yo.

"Ni siquiera el mejor explorador del mundo hace viajes tan largos como aquel hombre que desciende a las profundidades de su corazón" - Julien Green.

"Aquel que mira hacia fuera, sueña; aquel que mira hacia dentro, despierta" - Carl Jung.

"El único viaje es el viaje interior" - Rainer Maria Rilke

27 de noviembre de 2020

El regreso.

Cuando aprendes buceo te explican que, al alcanzar ciertos niveles de profundidad, salir de forma brusca puede ser peligroso e incluso mortal. En lugar de apremiar el momento, el protocolo a seguir es ir ascendiendo progresivamente para que nuestro organismo pueda habituarse a los cambios de presión y salir a la superficie de forma segura. El descenso también es progresivo, y precisa calma y concentración. 

En el trayecto, el objetivo es explorar el universo desconocido que se va presentando ante mí, del que sólo había oído a hablar en libros de texto y documentales. Descubro cuevas deshabitadas desde hace años, donde aún se pueden escuchar risas y llantos de una pequeña boca enmarcada por tres hoyuelos, y encuentro tesoros abandonados accidentalmente entre los resquicios donde nadie antes había mirado. Estudio el comportamiento de la fauna que me habita, sus costumbres, sus guaridas, sus motivos. Observo desde fuera lo que llevo dentro, simplemente para saber que está ahí, para escucharlo, para sentirlo.

Sé que dentro de no mucho tocará aprovechar esta fuerza para armarme de paciencia y bucear en dirección a la luz. Bucear lentamente hasta que mi sistema circulatorio esté preparado y mis ojos sean capaces de adaptarse al resplandor de más arriba. Volver a casa, esté donde esté, pero volver completa.


- Entonces, ¿tienes clara la respuesta a mi pregunta?

- Siempre fue .

19 de noviembre de 2020

Cortina Nº1

 La fragilidad. Pero no de un suave pétalo del que preservar su olor, no de un copo de nieve que contemplamos maravillados hasta que inevitablemente tropieza con el suelo. La fragilidad del barro cuando se seca, de las alas de una mosca, del papel de fumar, de la piel que se reseca.

El nudo. Pero no el que une, el que acoge o el que sostiene. Más bien el nudo que aprieta, que amorata y que bloquea nuestra respiración.

El silencio. No un silencio plácido de iglesia, ni aquel que surge de la productividad. El silencio de una habitación vacía que solía estar habitada. Ese cuya existencia se acusa únicamente cuando nos permitimos detenernos, apartar el ruido, las distracciones, las demás personas y decidimos agudizar el oído para, finalmente, escuchar la atronadora nada. Y te deja sordo, y tonto, y ciego.

Nadie dispone de un perro lazarillo que le diga dónde colocar un pie y el siguiente. En ese menester, todos andamos algo perdidos.

En un hueco de un castaño encontré otros escondiéndose de todo aquello que amenaza fuera. Agazapados, abrazando sus rodillas, con los ojos cerrados, como si eso hubiera protegido a alguien alguna vez. Y ahí estamos todos, hacinados planificando la siguiente fase, escogiendo el próximo camino a recorrer sin estar muy seguros de estar haciendo lo correcto, buscando la manera de ser deseables, adaptados, normales.

Normales. Sea lo que sea eso. No conozco a nadie normal. No tengo mucha idea de cómo será alguien así.