A mil millones de leguas de tu alma, la observo desde mi isla de cristal veneciano.
La torre principal se tambalea y algunas inferiores se han hecho añicos contra las rocas a apenas unos meses de haber surgido de entre el fango que parecía invadir cada sucio rincón.
La pequeña torre de ventanas de mar enfurecido retorciéndose hecha pedazos, usando saliva para reconstruirse, clavando sus aristas en mi reloj escarlata.
Y cada caricia que da, me alivia.
Y cada mirada eléctrica es una bocanada de paz.
Echo de menos reinar en mi castillo a mil metros del mundo, donde estaba todo por lo que valía la pena luchar.
En vano, pero luchar.
Echo de menos tu torre, y a ti.
18 de septiembre de 2013
6 de septiembre de 2013
Lluvia de abstinencia.
Y arder en llamas que desintegran todo lo que creía haber aprendido.
Y romper las correas que encadenaban los sueños.
Y volver a sentir el vértigo de una estrepitosa caída.
Y respirar.
Intentar pensar.
Intentarlo otra vez.
Y otra.
Y recobrar el aliento que el ladrón se llevó en el poco espacio que nos separaba, como un dementor.
Y seguir viviendo sin pararme.
Y romper las correas que encadenaban los sueños.
Y volver a sentir el vértigo de una estrepitosa caída.
Y respirar.
Intentar pensar.
Intentarlo otra vez.
Y otra.
Y recobrar el aliento que el ladrón se llevó en el poco espacio que nos separaba, como un dementor.
Y seguir viviendo sin pararme.
25 de agosto de 2013
Semivida.
El sol se ha fundido y la débil luz de una vela abandona los recónditos rincones donde los sueños duermen. Sólo encendiendo las ilusiones y esperanzas conseguimos despertarlos.
Excepto si la hostil realidad decide jugar su papel. Entonces los sueños mueren.
Mientras dura la mentira, el sueño se cumple. Después, estalla en mil y un pedazos.
Camino despacio por mis zapatos de hormigón. Se me escapa el rastro que me lleva a la cima en medio de esta noche sin luna.
Con un grito mudo intento que alguien me salve, pero no existen héroes ni con capa ni sin ella.
Si sueñas demasiado, te precipitas contra las rocas.
Y, si no se puede soñar,... ¿para qué todo esto?, ¿para qué todo lo demás?
Excepto si la hostil realidad decide jugar su papel. Entonces los sueños mueren.
Mientras dura la mentira, el sueño se cumple. Después, estalla en mil y un pedazos.
Camino despacio por mis zapatos de hormigón. Se me escapa el rastro que me lleva a la cima en medio de esta noche sin luna.
Con un grito mudo intento que alguien me salve, pero no existen héroes ni con capa ni sin ella.
Si sueñas demasiado, te precipitas contra las rocas.
Y, si no se puede soñar,... ¿para qué todo esto?, ¿para qué todo lo demás?
2 de agosto de 2013
Campos de petróleo y lava.
La muerte baila en boca de todos con una soltura que estremece. Mi corazón no está preparado para lenguas de frío acero que lanzan flechas de cianuro. Aún no sé esquivar.
Mientras ser sensible siga considerándose síntoma de locura, este mundo seguirá ardiendo en llamas de odio y frivolidad.
Y, mientras, la sangre brota sin nadie que la frene. Y calienta mis entrañas hasta desintegrarlas. Y duele. Y tú, reina sin corona, ni te enteras.
Mientras ser sensible siga considerándose síntoma de locura, este mundo seguirá ardiendo en llamas de odio y frivolidad.
Y, mientras, la sangre brota sin nadie que la frene. Y calienta mis entrañas hasta desintegrarlas. Y duele. Y tú, reina sin corona, ni te enteras.
Nubes con enredaderas.
Brisa de naranjo y jazmín a cada paso hacia delante.
Las golondrinas anidan con ramas cada vez más consistentes. Cuando encuentren el árbol del diamante sé que jamás volveré.
Son tan pequeñas y tan envidiosas... No se resisten a mirar y acaban viniendo con su dulce aleteo a bañarse conmigo sin avisar apenas, aunque saben que me encanta.
Mis pies se anclan a la tierra de los olivos y siento como si fuera descalza a pesar de mis sandalias.
Las golondrinas anidan con ramas cada vez más consistentes. Cuando encuentren el árbol del diamante sé que jamás volveré.
Son tan pequeñas y tan envidiosas... No se resisten a mirar y acaban viniendo con su dulce aleteo a bañarse conmigo sin avisar apenas, aunque saben que me encanta.
Mis pies se anclan a la tierra de los olivos y siento como si fuera descalza a pesar de mis sandalias.
Huellas.
Sol y olivas. Estrellas titilantes y la fresca brisa llena de todo. Estas calles transitadas por mil presencias que sólo se ven al cerrar los ojos, y ese ángel que invade cada célula, cada hueso, músculo y piel. Que invade todo sin dejar rincones que puedan sentirse olvidados.
Ese manto que arropa y, a la vez, hace sentir libre. El mar de luciérnagas rocosas donde la imaginacion bucea. Donde todo puede ser, pero parece tan como siempre.
Me despego de mi cuerpo y voy a cualquier parte donde sienta que deba ir.
Mi inconsciente sabe más que yo y me lo va explicando al oído.
Ese manto que arropa y, a la vez, hace sentir libre. El mar de luciérnagas rocosas donde la imaginacion bucea. Donde todo puede ser, pero parece tan como siempre.
Me despego de mi cuerpo y voy a cualquier parte donde sienta que deba ir.
Mi inconsciente sabe más que yo y me lo va explicando al oído.
27 de mayo de 2013
Trozos rotos, cicatrices y estiércol.
Algún día me miraré en el espejo y no veré el reflejo podrido que ahora me mira, ni sentiré el peso de los lastres que me arrastran por el asfalto. Algún día me miraré y seré liviana como una pluma y suave como una caricia... Algún día el amor no vendrá acompañado ni de inercia, ni de comodidad, ni de costumbre. Algún día algún cuerdo se volverá loco hasta que su mundo se apague irreversiblemente.
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Y, otra vez mi cuerpo pesa lo suficientemente poco como para dudar si aún estoy viva. Aunque duele, así que debo estarlo.
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Y, en mi desnudez, pienso en ti. Y en mí. En la pasión. En cómo era arder en caricias y explotar en besos. Te acuerdas? Me enseñaste, pero te has olvidado. Y la alumna se volvió adicta a algo casi imposible de conseguir.
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Tripas desgarradas flotando en una marmita llena de pus y de barro hediondo...
A la gente sólo le importa la gente. Tu dolor es como una mosca que estorba.
A tomar por culo el mundo...
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Siento a mis fantasmas en sus viejas butacas y les ofrezco un cigarrillo mientras ellos, en el minibar, se sirven lo de siempre.
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Y, otra vez mi cuerpo pesa lo suficientemente poco como para dudar si aún estoy viva. Aunque duele, así que debo estarlo.
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Y, en mi desnudez, pienso en ti. Y en mí. En la pasión. En cómo era arder en caricias y explotar en besos. Te acuerdas? Me enseñaste, pero te has olvidado. Y la alumna se volvió adicta a algo casi imposible de conseguir.
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Tripas desgarradas flotando en una marmita llena de pus y de barro hediondo...
A la gente sólo le importa la gente. Tu dolor es como una mosca que estorba.
A tomar por culo el mundo...
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Siento a mis fantasmas en sus viejas butacas y les ofrezco un cigarrillo mientras ellos, en el minibar, se sirven lo de siempre.
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