La inmundicia se amontona en cualquier resquicio que encuentra.
Cuando lo repulsivo se camufla de gala pero no consigue disimular la peste.
Tu alambre de espino ahoga mi corazón hasta amoratarlo. El ácido me quema las paredes del estómago. Las lágrimas lavan la rabia de mi gesto y escupen en el parquet.
Y, apretando con fiereza el bolígrafo, me aferro a mis cuadernos para olvidar el eco que retumba entre estas cuatro paredes de frío acero.
Del cielo cae lodo. De la tierra brotan tallos con espinas pero sin rosas. De mi boca sólo se escuchan aullidos silenciosos. Una muerte muda y lenta que no cesa. Se aplaca a ratos pero vuelve a reanudarse con más fuerza que antes.
El olor a gasolina incendia algo en mí y, al mismo tiempo, siento que algo se ha apagado.
No sé si prefiero mirar hacia atrás o hacia delante.
El paisaje se quema a mi alrededor.
Saltar por la ventana y volar, respirar aire de verdad. Ser libre al fin, y no esconder las alas nunca más.
Y, en realidad, suspirar y seguir viviendo...
11 de noviembre de 2012
28 de octubre de 2012
Rajando el aire con claveles.
Voces tan potentes y profundas que despiertan del letargo y obligan a coger un cuaderno. No sé cuántas le debo a la música. Algún día le devolveré el favor.
Te sientas a mirar el mundo en un sillón por encima de las nubes y olvidas el gran charco, las espinas, el hielo y las hienas. Detienes el tiempo, pero no los latidos.
Una nueva era ha comenzado. Nada es igual; todo es mejor.
Entonces, sin miedo, abrió las mugrientas puertas del alma hajada y abandonada por tantos. Quitó las telarañas, besó los muebles rotos y acarició los desconchones de la pared. Barrió el dolor y quitó el polvo a la sonrisa que encontró herida debajo de la cómoda.
Y así me salvó. Sin darse cuenta.
Me agarró en el aire y me ayudó a volar hacia el sol sin quemarme.
La mejor perspectiva es desde tus brazos. El mundo brilla, pero el que me deslumbra eres tú.
Ahora que iluminas los rincones oscuros, ya no me dan miedo.
Hay labios que son como manantiales de agua pura y fresca en pleno desierto. Y manos que traspasan la piel.
Aspiraré tus detalles, me alimentaré de ti. Y no volveré a desfallecer.
Y construiré un reino inmenso y majestuoso a golpe de voz y cuerdas, de las que desatan.
Admiro el mundo desde el escenario.
Escuchad mi historia porque no la volveré a repetir:
Todo empezó un día de Abril...
Te sientas a mirar el mundo en un sillón por encima de las nubes y olvidas el gran charco, las espinas, el hielo y las hienas. Detienes el tiempo, pero no los latidos.
Una nueva era ha comenzado. Nada es igual; todo es mejor.
Entonces, sin miedo, abrió las mugrientas puertas del alma hajada y abandonada por tantos. Quitó las telarañas, besó los muebles rotos y acarició los desconchones de la pared. Barrió el dolor y quitó el polvo a la sonrisa que encontró herida debajo de la cómoda.
Y así me salvó. Sin darse cuenta.
Me agarró en el aire y me ayudó a volar hacia el sol sin quemarme.
La mejor perspectiva es desde tus brazos. El mundo brilla, pero el que me deslumbra eres tú.
Ahora que iluminas los rincones oscuros, ya no me dan miedo.
Hay labios que son como manantiales de agua pura y fresca en pleno desierto. Y manos que traspasan la piel.
Aspiraré tus detalles, me alimentaré de ti. Y no volveré a desfallecer.
Y construiré un reino inmenso y majestuoso a golpe de voz y cuerdas, de las que desatan.
Admiro el mundo desde el escenario.
Escuchad mi historia porque no la volveré a repetir:
Todo empezó un día de Abril...
16 de octubre de 2012
Flotando hacia abajo y viceversa.
Soy la pluma y soy el trozo de mármol.
Soy la mirada felina que se ablanda cuando te tiene delante.
Soy mi ropa en el suelo y una sábana arrugada a nuestros pies.
Soy un volcán que parecía extinto, y no.
El primer destello de sol tras un largo invierno.
Te observo. Desde el torreón más alto, el medio derruido. Muchas guerras perdidas pero jamás cayó. Jamás caí.
En mi reino cabe más de uno.
A veces, me río sola. A pulmón. Como una niña, otra vez. Y achino los ojos sin que haya nadie para verlo. Y aspiro todo el aire que puedo de una sola vez como si fuera la última vez que fuera a hacerlo.
Soy la mirada felina que se ablanda cuando te tiene delante.
Soy mi ropa en el suelo y una sábana arrugada a nuestros pies.
Soy un volcán que parecía extinto, y no.
El primer destello de sol tras un largo invierno.
Te observo. Desde el torreón más alto, el medio derruido. Muchas guerras perdidas pero jamás cayó. Jamás caí.
En mi reino cabe más de uno.
A veces, me río sola. A pulmón. Como una niña, otra vez. Y achino los ojos sin que haya nadie para verlo. Y aspiro todo el aire que puedo de una sola vez como si fuera la última vez que fuera a hacerlo.
24 de agosto de 2012
10 de Agosto del 2012
Inesperadamente, bocanada de aire justo antes de perder el conocimiento. De pronto. Como un regalo de nadie. Donde llovían hachas, me protege un paraguas de cristal.
La silueta no para de acercarse. Yo sigo bailando. Me deslizo en un suelo resbaladizo, pero no me caigo. Aprendí a sortear los baches.
Me río, cierro los ojos. No me importa equivocarme. La vida es corta para que preocuparse tenga sentido.
Joder, mira qué sol. Es el amanecer más bonito que he visto en mi vida.
La silueta no para de acercarse. Yo sigo bailando. Me deslizo en un suelo resbaladizo, pero no me caigo. Aprendí a sortear los baches.
Me río, cierro los ojos. No me importa equivocarme. La vida es corta para que preocuparse tenga sentido.
Joder, mira qué sol. Es el amanecer más bonito que he visto en mi vida.
31 de Julio del 2012
PLAY.
Rompe la marea contra mi puerta. No me deja escuchar el eco vacío de la ausencia.
Eh, qué haces ahí? Lo peor de la vida, después de la desesperanza, es echarse atrás.
Un momento! PAUSE.
Entre todo este charco de sórdida mediocridad puede que aún haya espacio para una flor más. Qué color más peculiar... Estallan los globos hasta que al fin consigo ver. Necesito mis gafas.
Un solo de batería de partirse los codos. Entra el bajo sin llamar a la puerta. Parece que bailan. Una guitarra le da color. Hablan. Se me va la cabeza pero aguanto. Y un hilo me ata como si fuera una cadena. Una boca perfila todo. Son un ejército de rayos, lava, olas, huracán y tierra.. Como si se pulsaran sentimientos. Siente cómo acaricia, no hay nada más dulce, no existe nada más perfecto.
Es casi un pecado.
Me desarma.
Rompe la marea contra mi puerta. No me deja escuchar el eco vacío de la ausencia.
Eh, qué haces ahí? Lo peor de la vida, después de la desesperanza, es echarse atrás.
Un momento! PAUSE.
Entre todo este charco de sórdida mediocridad puede que aún haya espacio para una flor más. Qué color más peculiar... Estallan los globos hasta que al fin consigo ver. Necesito mis gafas.
Un solo de batería de partirse los codos. Entra el bajo sin llamar a la puerta. Parece que bailan. Una guitarra le da color. Hablan. Se me va la cabeza pero aguanto. Y un hilo me ata como si fuera una cadena. Una boca perfila todo. Son un ejército de rayos, lava, olas, huracán y tierra.. Como si se pulsaran sentimientos. Siente cómo acaricia, no hay nada más dulce, no existe nada más perfecto.
Es casi un pecado.
Me desarma.
24 de junio de 2012
Justo ahí.
Donde el sol se ausenta, en la profundidad de una escupidera, en el humo de tu cigarro, en el retrete de una cárcel, en el hueco que deja la caries de tu muela, en la pelusa que sigue el devenir de tus pasos, en el vaso lleno de cal y restos de ayer, en un lavabo atascado, en la uña del pulgar de un porreta, en la fuerza del enclenque y la honestidad del mentiroso, en las manos de un pescadero, en los pliegues sudorosos de tu piel, en la resina de los marcos de tus ventanas, en el agua de alcantarilla, en el aliento del mendigo, en el centro de un gusano recién comido, en el líquido que cae de una bolsa de basura, en los lugares donde nadie mira, donde jamás sopla el viento, donde estás solo y triste, donde no hay piedras que tirar ni motivos para reir.
Fin.
11 de junio de 2012
Con la luz apagada.
Boom.
Y el mundo se detiene. Silencio. Ni un suspiro.
El pianista deja de tocar y mira alrededor buscando el mando a distancia.
Llueve. Quema. Más bien, arde. Son lágrimas ácidas e implacables que corroen mi piel para tratar de destruirme.
Y empieza el caos. La damisela disfrazada de verdugo destroza el piano a hachazos. El pianista llora. No se mueve. Y todo sigue en silencio.
Se baja el telón.
Me congelo. Ya no siento nada. Pero hace sol. Como lobotomizada, miro caer la nieve en mi cristalino, en mis entrañas, en todo lo que una vez estuvo vivo y fue un hogar cálido para tantos.
Ahora, sólo frío.
Joder, y míralo. Ahí está. Siempre estuvo. Lo ves. Lo sientes. Te mira. Te guarece. Es paciente y te entiende. No renuncia. No se cansa. Es y está. Por ti. Hoy. Ahora. Cuando lloras y hasta que sonríes. Y ya está.
Te salva y se va.
En cada charco hay una flor.
Y, ahora, la princesa y su sonrisa sueñan.
El pianista deja de tocar y mira alrededor buscando el mando a distancia.
Llueve. Quema. Más bien, arde. Son lágrimas ácidas e implacables que corroen mi piel para tratar de destruirme.
Y empieza el caos. La damisela disfrazada de verdugo destroza el piano a hachazos. El pianista llora. No se mueve. Y todo sigue en silencio.
Se baja el telón.
Me congelo. Ya no siento nada. Pero hace sol. Como lobotomizada, miro caer la nieve en mi cristalino, en mis entrañas, en todo lo que una vez estuvo vivo y fue un hogar cálido para tantos.
Ahora, sólo frío.
Joder, y míralo. Ahí está. Siempre estuvo. Lo ves. Lo sientes. Te mira. Te guarece. Es paciente y te entiende. No renuncia. No se cansa. Es y está. Por ti. Hoy. Ahora. Cuando lloras y hasta que sonríes. Y ya está.
Te salva y se va.
En cada charco hay una flor.
Y, ahora, la princesa y su sonrisa sueñan.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)