24 de noviembre de 2014

Reciclaje de recipientes y tierra.

Aquí están.
Lo más sorprendente es que sigan ahí, exactamente donde las dejé.
Y, ahora, por fin lo entiendo.
Este globo es para los que no se olvidan de ser niños.
Si se rompe un piano, deja de sonar. Pero nadie puede quitarnos la voz. Es nuestra. Nosotros la moldeamos. Sólo hay un filtro. No tenemos por qué esperar a que nadie haga nada por nuestra voz. La tenemos para siempre porque nosotros, y sólo nosotros, decidimos qué hacer con ella.

Vuelo hacia montañas donde el eco llega a todas las miradas tristes, donde la estela perdura en las sonrisas tiernas, donde la lluvia es una invitada de honor y la naturaleza nuestra anfitriona.

Cuánto echaba de menos las golondrinas y su aleteo, las cascadas de agua cristalina, bucear por el océano y alcanzar los mismos tesoros que alcanzan otros buceadores curiosos.
Las predicciones se equivocaban. Los ecos se escuchaban porque estamos muy repartidos por un mundo demasiado grande. Por eso es tan fácil perderse y tan único encontrar.

Sólo falta esperar. Esperar a que todo deje de pudrirse por culpa de los estúpidos gusanos. No se van sólo por desearlo con todas tus fuerzas, hay que convencerles.

La vida es una cuestión de prioridades. Dependiendo de lo que quieras hacer con ella, será vida o mera existencia. Como quien corre por el pasillo para no ver los monstruos en la oscuridad. 
Nadie entiende que sólo necesitan que dulcifiquen su alma.
Todo es cuestión del cristal.

Plumas acariciando mis sombras. Cielo invadiendo los vacíos. Y una sonrisa en mis ojos cuando los pies saben a donde ir.

Llenar el mundo de flores no es ninguna tontería.


3 de junio de 2014

Exilio sin eco.

Mis pies, hundidos en la nieve, no cesan su intento.

Quien intenta deshacer las enredaderas de entre los surcos, acaba quedando atrapado y se ahoga en ellas.

"Batería baja", me indica la doble luz del faro.

Y ese olor…
Ese olor a nadie.
A nada.

No se puede morir dos veces.

Sigue latiendo. A pesar del óxido, sigue latiendo.

No hay nada más en la caja.
Llevo buscando demasiado tiempo.

Pero sigo buscando.
Tampoco hay mucho más que hacer aquí.

15 de mayo de 2014

Punto de partida.

La gente abusa de grandes palabras.
Deshumanizan el mundo hasta que incluso los soñadores nos olvidamos de valorar la vida.

Cualquier cosa puede cambiarte.
La palabra adecuada de la sonrisa adecuada en el momento adecuado.

La salvación de nuestra alma depende del azar y de pocas cosas más.

Al volar, despegamos los pies de todo lo que conocemos, del lugar donde nos sentimos seguros. Y, al soltar el ancla, es cuando vemos la grandiosidad del mundo, sus rincones, sus posibilidades. Y nuestra mente empieza a soñar y a imaginar miles de nuevas huellas que nos lleven a un mundo mejor.
Sólo cuando nos sentimos tan ligeros somos capaces de caminar sobre esas huellas y transformar nuestras ideas en una realidad.
Siempre que demos pasos en una dirección estaremos más cerca del ideal. Nadie llegó a ninguna parte quedándose siempre en el mismo sitio.

Por eso son tan importantes las alas de las personas; porque sólo desplegándolas y siendo libres podremos alcanzar el hasta entonces imposible mundo de los sueños.

2 de enero de 2014

Primavera de Enero.

Allí estaba ella con su vestido verde y blanco, como salida de un cuento, o de un sueño. Respirando el aire que mecen las montañas en un día soleado de primavera, corría como flotando, parándose sólo para recoger con cuidado las margaritas o amapolas que se cruzaban a su paso.
Exhausta, se tumbaba en un lugar al azar que ella parecía elegir particularmente, y así era. Sonreía, sin miedo a ser vista y a riesgo de parecer una loca, al cielo, al sol que calentaba sus mejillas, al universo que se ocultaba tras el azul; y el universo le devolvía la sonrisa.
Con sus manos dibujaba pequeñas historias que ensanchaban su corazón mientras sus pies descalzos acariciaban la tierna hierba en la que reposaba su cuerpo. Sentía su frescura y su movimiento al rendirse frente la delicada brisa que la inclinaba. Olía mil fragancias florales y la humedad del enorme lago cristalino junto al que estaba. Escuchaba las golondrinas de aquí para allá, el rumor del agua, el chapoteo de algún pez curioso que se asomaba a ver la vida desde la superficie, las hojas de los naranjos bailando al son de los latidos que desprendía aquel lugar. Y soñaba.

Es curioso como algunos momentos de apariencia simple pueden ser vistos como la gran obra de algún artista anónimo.

Los artistas anónimos son mis preferidos.

                                   Igual que los momentos simples.

23 de noviembre de 2013

En el hueco del sauce.

La sangre brotaba con fuerza mientras los pedazos desmenuzaban las entrañas ennegrecidas de un hada de alas rotas.
Por eso, cuando todos los colores se fundieron en esa Luz blanca que lo enciende todo, le dio rabia.
Voló a duras penas atravesando la Luz, pero pronto su peso y su debilidad vencieron a sus ganas, y cayó estrepitosamente dejando un rastro sanguinolento tras de sí.
Miraba la mancha que había ocasionado y se culpaba una y mil veces sintiendo que su cuerpo y su alma decrecían hasta caber en un dedal.
No se sintió mejor cuando el rastro escarlata estalló en llamas cetrinas e implacables. La ceniza cayó como cae la nieve los días tristes: suavemente, con delicadeza, pero corrompiendo cada milímetro de suelo en el que decide descansar.

Lo que quedaba del hada se dejó enterrar, decidida a desaparecer.
A veces soñaba con la inmensa Luz; imaginaba sus cristalinas alas como solían ser revoloteando sin miedo por la más pura versión de los deslumbrantes colores que iluminaron sus rincones en aquellos soleados días de delicados bailes y penetrante azul.
Soñaba con el brillo que sólo la magia era capaz de descubrir en sus pequeños e infantiles ojos.
No entendía cómo era posible que fueran los mismos ojos tristes y cansados que ahora le devolvían la mirada en su reflejo.
Rompía las reglas y se escapaba a admirar aquel que seguía siendo un imponente resplandor incluso a pesar de la sangre, que ya estaba seca; pero cada vez que asomaba la cabeza, y aunque se esforzaba en aguantar la respiración para no romper el silencio, nuevas llamas surgían de la vieja herida.
Así que cada vez había más distancia entre dos fuerzas tan irresistiblemente unidas como son las hadas y la Luz, y eso hacía que el mundo de ambos fuera ciertamente sombrío.

Las hadas no entienden de sentimientos, pero aman enormemente a pesar de su pequeño corazón. Y, éste es tan frágil, que cuando se rompe tarda mucho en volver a funcionar.
Tanto había albergado en vano en su corta vida, que su corazón hecho aristas acabó por rasgar sus alas hasta casi arrancárselas.

La sangre sigue brotando, los pedazos siguen desmenuzando las entrañas ennegrecidas de esta pequeña, triste y cansada hada de alas rotas. Pero ya no estaba dispuesta a arriesgarse a un nuevo incendio.
Aparecer o desaparecer.
Buscar la cura o permanecer inmóvil.
Volar o rendirse.

Soñar con el "efecto" definitivo.

18 de septiembre de 2013

Azul.

A mil millones de leguas de tu alma, la observo desde mi isla de cristal veneciano.
La torre principal se tambalea y algunas inferiores se han hecho añicos contra las rocas a apenas unos meses de haber surgido de entre el fango que parecía invadir cada sucio rincón.
La pequeña torre de ventanas de mar enfurecido retorciéndose hecha pedazos, usando saliva para reconstruirse, clavando sus aristas en mi reloj escarlata.

Y cada caricia que da, me alivia.
Y cada mirada eléctrica es una bocanada de paz.

Echo de menos reinar en mi castillo a mil metros del mundo, donde estaba todo por lo que valía la pena luchar.
En vano, pero luchar.

Echo de menos tu torre, y a ti.

6 de septiembre de 2013

Lluvia de abstinencia.

Y arder en llamas que desintegran todo lo que creía haber aprendido.
Y romper las correas que encadenaban los sueños.
Y volver a sentir el vértigo de una estrepitosa caída.
Y respirar.
Intentar pensar.
Intentarlo otra vez.
Y otra.
Y recobrar el aliento que el ladrón se llevó en el poco espacio que nos separaba, como un dementor.
Y seguir viviendo sin pararme.