1 de junio de 2025
Bisaurín.
2 de noviembre de 2024
Puño y temblor.
Siento dentro la culpa de todo lo que pensé que era, de lo que dije que haría y lo que al final acabó desvaneciéndose como humo. Todos los contratos quedaron reducidos a cenizas el día que mi silueta se tiñó de añiles. Desde entonces, un aullido se desnudó, me curó la ceguera y me dejó sorda y muda. No volví a ver el mundo con los colores de antes. Ni mejores ni peores. Otros.
El puño que agarra mi esternón aún aprieta, casi ahoga, cuando tu olor regresa a ese huequito de mi corazón donde se sentía casa y resultó ser un sótano sin ventanas. Cuando mi memoria decide darme tregua, casi parece que vuelvo a bombear en un dos por cuatro que mece. A ratos. Cada vez más. Casi días. Ojalá semanas.
Las agujas del reloj y mis manos bajo cero están en huelga, mientras mis pies arden en ganas de iniciar una maratón hacia ninguna meta. Duelen. Duele cada célula viva y muerta en mí. Duelen mis dientes, mis uñas, cada pelo, y hasta el aire que entra en mis pulmones calcina todo a su paso dejando una inmensa nada.
Achicando con cuchara el barro de la derrota, de rodillas esperando que la lluvia arranque de mi piel la podredumbre y el moho que conviven con mis entrañas. Recuperando mi reflejo en el espejo, que tanto eché de menos aquellos días... No soy este miedo. No soy este dolor. Repítelo. Otra vez. Otra vez. Otra vez. Ahora mirándote a los ojos. Vamos. Dilo. No dejes de repetirlo. Sigue. Más alto. Más claro. Vocaliza. Grítalo. Más fuerte. Más. Más. Más. Más. Más. Más. Más.
(...)
Y, a pesar de todo, aún hay días que levanto la mirada y entran en mí el aroma de las flores y el frescor entre las hojas.
27 de enero de 2023
Diámetro a medida.
No te fijes sólo en la luz que hay al final del túnel. Te perderás todas las que se esconden en cada detalle, en cada gesto, en la emoción del cristalino, en la honestidad vestida de esmalte níveo.
No dejes de mirar, no huyas de lo que sabes que está ahí. Cuando estamos muy cansados, solemos preferir el abrazo constrictor de la oscuridad para descansar sin descansar. Saltando de destello en destello, bañándonos de todo aquello que nutre, aprovechando los tsunamis de vitamina D con nombres y apellidos, solo así salimos del laberinto.
¿A ti qué te mueve? ¿Por qué te levantas de la cama cada día?
Yo me levanto por la gente que me llega, la que achina mis ojos, calienta mis manos, ensancha mi pecho, mueve mis pies, acaricia mis mejillas, besa mis cicatrices, acepta mi esencia y me ama tal y como soy.
Me levanto por todas esas esencias enterradas entre mil escombros, que no encuentran un resquicio a través del cual respirar, metidos en una burbuja donde no sienten el calor a su alrededor.
Me levanto para ver mil amaneceres y mil atardeceres en la mejor de las compañías, incluida la mía. Para escuchar himnos de libertad y rebeldía, de amor y compasión, de compañía y consuelo, de Verdad, de tontería, de genialidad.
Me levanto para que mis cuerdas vibren en cada rincón, desde mi alma hasta el fin del mundo; para llenar mi corazón atesorando personas y desgastar mis pies descubriendo lugares, para disfrutar de la brisa y del sol en mi piel, de la sal en mi pelo y las flores detrás de mi oreja.
Me levanto porque quiero experimentarlo -casi- todo; porque ansío el mundo más allá de los tabiques de mi psique, más allá de los moldes elegidos e impuestos.
Romper el hormigón.
Respirar libertad.
El cansancio a veces me hace olvidar que la vida, a través de la voluntad, recoloca hasta el peor de los desastres. Me hace olvidar la inmensa gratitud que siento.
Me permito descansar en las luces de todos los tamaños que me acompañan cada vez que me meto en laberintos. Tanta bondad abruma. Pensar en la intención cambia el prisma de todo.
Así que hoy, aquí, te digo a ti, por todas esas veces que usaste tu buena intención en favor de alguien, o por aquellas veces que no hiciste algo por alguien que debía hacerlo por sí mismo, o que te cuidas, que te miras para no darle poder a tus heridas:
Gracias. Eres muy valiente.
23 de noviembre de 2022
Lava y ceniza.
A veces, el cansancio y la tristeza son compañeros de viaje necesarios. Cuando aguantamos demasiado y, de repente, nos regalamos descanso, vemos lo cerca que estuvimos de dejar de intentarlo.
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Mis ojos, cada vez más arrugados, no llegan a enfocar del todo lo que tienen delante. Llegan a confundir sueño y realidad, quizás porque no son tan distintos.
Cada pensamiento es un peso en mis párpados, cada espacio que no me doy es oxígeno que no entra en mis pulmones. Y, aún así, la saturación es alta. Demasiado.
Ganamos la guerra cuando dejamos de luchar, cuando nos rendimos y nos convertimos en abanderados de la paz, de nuestra paz.
¿Qué necesitas para ser feliz?
¿Cuándo la vida será suficiente para ti?
¿Cuándo dejarás de depender de tu entorno para tener paz? Se puede tener paz en medio de una tormenta.
¿Qué opinión es importante para ti y por qué?
¿A quién le das poder para hacerte dudar de ti?
Sabes quién eres y lo que aportas a este mundo. Conoces a la mujer que te devuelve la mirada en el espejo.
Escucha su voz.
Deja de darle poder a gente que no ve.
Escúchate.
Escucha tu tristeza y haz los cambios necesarios. Deja ir. Suelta. Coge.
Escucha tu cansancio. Vete. Descansa. Respira.
Escucha también esa luz que hay en ti y que nunca, jamás, se apaga. JAMÁS. Sigue su estela. Observa todo lo que te muestra: atardeceres, palmeras, buganvillas, olas rompiendo contra la orilla, brisa fresca, jazmines, sonrisas conocidas y anónimas, amabilidad incondicional, dulzura, calor literal y figurado...
Esa luz es tu seguro de vida y, mientras siga ahí, tú no tienes nada que temer.
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20 de julio de 2022
Volar descalza.
SOLTAR.
Eso es lo único que realmente tengo que hacer.
Soltar el miedo.
Soltar el futuro.
Soltar el pasado.
Soltar todo lo que creo que soy.
Dejar de vivir pensando que lo tengo todo controlado.
Dejar de vivir en la certeza.
Soltar y confiar en que la vida me sostiene.
Confiar en que el mundo no se desmorona si dejo de sujetarlo.
Confiar en que todo sale según el plan de lo imprevisto.
"El conocimiento es saber y la sabiduría es hacer." Esa es la única ley a través de la cual me quiero regir.
Lo único que existe es el hoy. Ni pasado ni futuro.
Soltar todo mi pasado sin miedo a no saber quién soy si lo hago.
Soltar el rencor y el juicio.
Soltar quien se supone que he sido.
"Las personas más difíciles de amar son las que más lo necesitan". Incluso cuando se trata de mí. Incluso cuando se trata de las personas que me han dañado. O que se han dañado a través de mí. En ese caso, ¿dónde está el infierno? ¿Dónde está la falta de paz? ¿Dónde está la petición de ayuda? En el fondo, siempre hemos sabido la respuesta.
Necesito mucho menos de lo que pensaba. A veces no soy consciente de lo feliz que soy realmente.
El ruido no me deja ver con claridad.
"Saca la basura."
Regresa.
Regresa A TI.
Ese es el verdadero Camino del Héroe.
28 de marzo de 2022
Indómitos.
El miedo al mar es el miedo a lo desconocido, a la incertidumbre, a que algo horrible pase si no tienes todo amarrado y los pies en la tierra, en el lugar donde creemos tener el control, aunque no.
Porque el mar es imposible de domar. Es salvaje y bravo. Va hacia donde el viento dirige y se deja llevar a una coreografía armónica y caótica a partes iguales. Recoge y remueve sedimento, flora y fauna, y el juego consiste en un acto de fe ciega en la corriente. Los que acepten su voluntad, entenderán para qué están ahí y sabrán ver recursos y oportunidades a su alrededor. Los que no, morirán ahogados luchando contra lo inevitable.
En él no existen conceptos como la justicia o la injusticia. El mar únicamente es, sin voluntad de dañar o beneficiar.
Está en uno mismo permitirse cesar la lucha y dejarse fluir, danzar con el viento y las olas, y disfrutar de su calma y su tempestad.
1 de octubre de 2021
Pétalos y plumas.
A veces lo siento TODO.
Me quito la burbuja y, con nada más que mi propia piel como abrigo, me lanzo de cabeza al cielo y permito que el polvo cósmico entre de lleno en mis pulmones. Y entonces vuelvo a respirar...
Siento cómo se desenredan las lianas y regresa cada una al lugar al que pertenece, que nunca fue aquí. Noto la marca amoratada que han dejado en mis muñecas, en mi cuello y en mi tórax. Noto cómo el dolor va seguido de la liberación progresiva más razonable de la historia.
¿Para qué vinimos si no es para ser nosotros? Lo siento, es el único papel libre en la anti-obra, en la que la idea es salir del personaje y ser capaz de meterte en ti.
Si tú fueras tú, ¿qué sentirías?, ¿cómo actuarías?, ¿qué callarías? A veces, el silencio de una mueca esconde quilates de núcleo duro.
¿Qué cosas dirías si no tuvieras miedo de su miedo? ¿Qué liberarías de ti si todos sintiéramos con los poros, abiertos y en contacto, en lugar de sentir con un corazón aprisionado entre costillas, esternón y pulmones?
Si entendiéramos que somos irrompibles, que lo que se da nunca se pierde, no nos temblarían las manos al sentir el calor de las huellas dactilares de otro.
Sólo me interesa el ojo del huracán, el lugar con vértigo y vistas, el abrazo del sol, la fiereza del mar, la suavidad de la flor y cualquier cosa que me conecte con el motivo por el que sigo aquí.
Lo demás es ruido.
"El vértigo había desaparecido. Sentí una embriaguez especial, una sensación no malsana de poder y de dicha. Subía hasta alturas increíbles y luego me dejaba caer, planeando suavemente, con las alas extendidas y, aunque cerrara los ojos, no corría riesgo de estrellarme, y me dejaba guiar en mi vuelo por impulsos arbitrarios y extraños, y sentía que, de algún modo, estaba trazando en el cielo un dibujo coherente y estético." - Mario Levrero.
8 de agosto de 2021
Torbellino fortuito.
En la penumbra y a solas me convierto en una espectadora del mundo, ajena al resto de vidas y absolutamente desconectada del cosmos. El aire se siente cargado, me cuesta hacer llegar un mínimo de oxígeno a mis pulmones y un pellizco en el lado izquierdo de mi pecho hace que cualquier lugar sea incómodo.
Abres todos los cajones, pero no encuentras. No entiendes, no procesas. Solo sientes, pero no es agradable. Pienso en volatilizarme en mil partículas lo más dispersas posible. Me voy lejos para que el humo no me alcance, pero da igual lo lejos que te vayas cuando el incendio es interno.
Cuando el caos invade, lo único que se puede hacer es cerrar los ojos y esperar que pase.
Y hoy es uno de esos días.
13 de julio de 2021
Aurora.
El aire a mi alrededor aún no se percibe nuevo. Sigue estando lleno de ácaros y polvo de los tomos que se han llevado de la mesilla y los que saqué de la estantería. Sin embargo, sí percibo el vértigo del primer día, que se afronta con ilusión y pánico a partes iguales, sin apenas saber qué sentir.
Es curioso el abismo que se genera con algo que era tan tuyo. Entras en otro plano astral, en una línea de tiempo paralela, te ves ajena a lo que estás viviendo y sólo en contadas ocasiones consigues conectar contigo o con alguien.
El dragón duerme en sus aposentos cansado de que nadie le preste atención. Espera la ocasión para desplegar las alas y encender las intensas llamas de su pecho. El día que suceda, la luz se apoderará de todo cuanto alcance. No hay duda. Sólo hay que despertar.
No conozco el camino, conozco mis pies endurecidos y agrietados. Conozco mi espalda fuerte y torcida cuando no encuentra una buena postura, mis brazos cálidos y firmes, mis piernas a veces cansadas, pero persistentes. El camino es únicamente un pie detrás del otro en cualquier dirección que me lleve a mí. Un misterio.
Llevo demasiado tiempo perdida.
El descanso será ser únicamente yo.
"Ni siquiera el mejor explorador del mundo hace viajes tan largos como aquel hombre que desciende a las profundidades de su corazón" - Julien Green.
"Aquel que mira hacia fuera, sueña; aquel que mira hacia dentro, despierta" - Carl Jung.
"El único viaje es el viaje interior" - Rainer Maria Rilke
27 de noviembre de 2020
El regreso.
Cuando aprendes buceo te explican que, al alcanzar ciertos niveles de profundidad, salir de forma brusca puede ser peligroso e incluso mortal. En lugar de apremiar el momento, el protocolo a seguir es ir ascendiendo progresivamente para que nuestro organismo pueda habituarse a los cambios de presión y salir a la superficie de forma segura. El descenso también es progresivo, y precisa calma y concentración.
En el trayecto, el objetivo es explorar el universo desconocido que se va presentando ante mí, del que sólo había oído a hablar en libros de texto y documentales. Descubro cuevas deshabitadas desde hace años, donde aún se pueden escuchar risas y llantos de una pequeña boca enmarcada por tres hoyuelos, y encuentro tesoros abandonados accidentalmente entre los resquicios donde nadie antes había mirado. Estudio el comportamiento de la fauna que me habita, sus costumbres, sus guaridas, sus motivos. Observo desde fuera lo que llevo dentro, simplemente para saber que está ahí, para escucharlo, para sentirlo.
Sé que dentro de no mucho tocará aprovechar esta fuerza para armarme de paciencia y bucear en dirección a la luz. Bucear lentamente hasta que mi sistema circulatorio esté preparado y mis ojos sean capaces de adaptarse al resplandor de más arriba. Volver a casa, esté donde esté, pero volver completa.
- Entonces, ¿tienes clara la respuesta a mi pregunta?
- Siempre fue sí.
19 de noviembre de 2020
Cortina Nº1
La fragilidad. Pero no de un suave pétalo del que preservar su olor, no de un copo de nieve que contemplamos maravillados hasta que inevitablemente tropieza con el suelo. La fragilidad del barro cuando se seca, de las alas de una mosca, del papel de fumar, de la piel que se reseca.
El nudo. Pero no el que une, el que acoge o el que sostiene. Más bien el nudo que aprieta, que amorata y que bloquea nuestra respiración.
El silencio. No un silencio plácido de iglesia, ni aquel que surge de la productividad. El silencio de una habitación vacía que solía estar habitada. Ese cuya existencia se acusa únicamente cuando nos permitimos detenernos, apartar el ruido, las distracciones, las demás personas y decidimos agudizar el oído para, finalmente, escuchar la atronadora nada. Y te deja sordo, y tonto, y ciego.
Nadie dispone de un perro lazarillo que le diga dónde colocar un pie y el siguiente. En ese menester, todos andamos algo perdidos.
En un hueco de un castaño encontré otros escondiéndose de todo aquello que amenaza fuera. Agazapados, abrazando sus rodillas, con los ojos cerrados, como si eso hubiera protegido a alguien alguna vez. Y ahí estamos todos, hacinados planificando la siguiente fase, escogiendo el próximo camino a recorrer sin estar muy seguros de estar haciendo lo correcto, buscando la manera de ser deseables, adaptados, normales.
Normales. Sea lo que sea eso. No conozco a nadie normal. No tengo mucha idea de cómo será alguien así.
7 de agosto de 2020
Arena y sal.
El olor a sal, el sol calentando mi piel, y cada racha de brisa que me acaricia se lleva parte de mis problemas bien lejos. Todo el desorden que traía de Madrid, de pronto no es más que granos de arena en una playa de Portugal.
La vida no es tan complicada ni tan sencilla como nos quieren hacer creer, pero hay que vivirla igual, dando lo que se pueda en cada momento. Perdiendo el rumbo, las ganas, el sentido, la meta, sin saber el siguiente paso a dar, pero siempre al pie del cañón.
Todos tenemos una guerra que estamos batallando con todo lo que tenemos. Todos tenemos partes de nuestra vida que no enfocamos como son.
Hay momentos en los que me da la sensación de que estoy empezando a pillar cómo es esto de vivir, de aprender, de pasar etapas. Pero otros siento que llevo años en la misma etapa, atrapada en el barro sin saber cómo salir. A veces me dejo arrastrar, otras lucho con toda mi fuerza sin hacer otra cosa que sumergirme más. Ahora me agarro a las ramas que alcanzo a ver a mi alrededor y tiro poco a poco, pero sin soltarlas. Y a ver qué pasa.
La gente y sus vidas, las risas y gritos a lo lejos, el sonido de un balón rebotando en la arena, las olas rompiendo con el asfalto de Madrid.
Y la brisa suave aliviando mi piel y todo lo demás...
17 de marzo de 2020
CV-19.
Y, de la nada, aparece un virus desconocido que nos obliga a quedarnos un mes o más en casa sin hacer otra cosa que escuchar nuestros pensamientos rebotando contra las cuatro paredes que nos confinan.
Efectivamente.
Ha tenido que venir una jodida pandemia a escala mundial para pararnos los pies y que tengamos la decencia de afrontar las necesidades de nuestro yo interno. Ya no podemos tapar su llanto, sus gritos o sus preguntas con ruido de claxon y risotadas por cualquier cosa.
De pronto, el mundo se detiene y solo quedas tú contigo.
Unos se angustian, otros se hunden, otros se obsesionan, otros buscan ruido en casa.
Cada uno hace lo que puede.
No es nada fácil afrontar la relación con uno mismo.
Darte cuenta de que no quieres estar solo porque no te soportas, o porque sientes que es tu única forma de existir, o porque no sabes cuidar de ti, o porque no sabes quererte, o porque sigues estancado en etapas del pasado y no te dejas avanzar porque eres una especie de adicto a cuidar a los demás.
Olvidas o proyectas. Ambas te llevan a repetir una y otra vez los mismos patrones.
El caso es que esta cuarentena yo me he visto, me he escuchado. Después de tanto tiempo buscándome, al fin he conseguido conectar.
Al fin.
Cada uno somos libres de hacer lo que queramos con lo que vemos. Cada uno decidimos qué queremos vivir. No juzgo.
Yo he decidido construir.
Usar todo eso que huele mal, que duele, que me hace dudar de mí y de todo, que querría no ver, para construir algo mejor.
Soy una firme feligresa del reciclaje cognitivo. Aquellos pensamientos que hoy te atormentan no solo sirven para conocerte y comprenderte mejor, sino también para tener un punto de partida desde el cual empezar algo mejor, algo más útil, más sano, más acorde a ti.
Así pues, gracias, absoluto azar, por colocar una pandemia que me mantenga recluida conmigo en un momento tan adecuado. Necesitaba esta extensa charla conmigo. Haré que sirva y saldré siendo más yo de ella.
Hay una frase de Carl Gustav Jung que me parece perfecta para este momento tan apocalíptico:
"Lo que niegas, te somete. Lo que aceptas, te transforma."
Decide ver esto como oportunidad y no como castigo.
Os mando toneladas de amor y paciencia.
10 de julio de 2019
Nudo y esperanza
Paso en falso, rumbo perdido, entre árboles y flores de cemento recalentado.
Y la puta misma sombra sentada en su lugar de siempre.
Como quien tiene que aprender a respirar porque nunca tuvo ocasión, así yo aprendo a mirar, a acariciar y a sentir algo diferente por lo mismo.
Y, aunque mis alas se despliegan libres como dos mantos llenos de todo, mis pies no encuentran el impulso necesario para atravesar el cielo acristalado que las confina. En la grieta está la salida.
Resucitar, destruir para volver a crear, a sentir, a volar. Renacer y no volver atrás.
29 de marzo de 2019
Abono para flores.
Aspiro a bocanadas una nada que me asfixia, busco a tientas una cerilla, un resquicio entre tanto hormigón, un pomo, algo. Camino con los pies ensangrentados de tropezar con todas las aristas y de clavarse todas las astillas. Y, mientras, se va agotando el oxígeno.
Cuando cierro los ojos, me encuentro. Me veo. Soy. Y ansío cualquier escenario que no huela a humo de mujer y perfume de ciudad.
La brisa fresca del mar.
El arrullo de los árboles en medio de la naturaleza.
Lo genuino.
Lo salvaje.
Siento cómo se llenan mis pulmones y mi boca de palabras atrincheradas, y ahí se quedan, lejos del aire mundano, de oídos sordos y de miradas esquivas.
Quiero pensar que aún me vigilas desde el cuadro, que escuchas mi silencio llamándote a gritos, y que valoras mis palabras de paz, de aceptación y de amor.
Me seguiré acunando en tu recuerdo, en tus palabras, en tus miradas cómplices, en tus errores, en tus tesoros escondidos, en tu presencia incondicional y en todo lo que soy gracias a ti.
- Dime algo bonito.
- Te pareces a mí.
13 de febrero de 2018
Intruso.
Crecen dentro de nosotros hasta que, un día cualquiera, brotan en forma de cardo.
Sólo lo entiende quien lo vive.
Escapa a nuestro control más inmediato, fluye silenciosamente a través de nuestro sistema circulatorio y germina en una hemorragia de estruendosos sinsentidos.
Y, después, cuando regresas al mundo y recuperas el prisma, sólo queda la vergüenza de haberte perdido en tu propia casa.
24 de enero de 2018
Estrellas insomnes.
Primer desvelo. No entiendo nada. ¿Dónde estás? Tanteo con los ojos cerrados y no encuentro tu sonrisa mirándome como últimamente. A lo bueno es muy fácil acostumbrarse.
Segundo desvelo. ¿Estás aquí? ¿Tienes suficiente manta? Tu hueco, que ahora intento calentar yo, me devuelve a cada momento de pura fantasía cogida de tu mano.
Cada corriente de aire me lleva a ti.
Solo con tus manos soy feliz.
Solo con tus besos lo tengo todo.
7 de enero de 2018
Atlas V
Descubro mil soles en los que calentar mi alma. Cuento cada hormiga que recorre mis mejillas y cada mariposa que se desliza por mi boca.
Mujer de corazón caliente, a pesar de los ocasos fríos. Congelados. Increíblemente gélidos. Bombeando magma del que arrasa, del que no puedes huir o esconderte.
Y aún tengo una mano libre para llevarte lejos. Para acariciar las cicatrices y las ruinas. Para liberar toda esa luz e impedir que se vuelva a esconder. Tengo una mano libre para reconducirte cuando no recuerdes hacia dónde ibas. Y, sobretodo, para sujetarme y sujetarte conmigo.
Cógela y despega los pies del suelo. No querrás volver a bajar.
25 de noviembre de 2017
Sudar y seguir.
No se escuchan ni los pasos ni la respiración, evitando perturbar la añorada paz y entrar en el huracán de siempre.
A veces no da vueltas el mundo, sólo yo.
A veces no está todo del revés...
Midiendo puntada a puntada todo lo que tejen mis agujas y, si hay algún nudo, nada vale. Y son esos mismos nudos los que aprietan mis entrañas, hasta que apenas siento el calor y el frío, las flores y los cardos, arriba o abajo. Y todo parece igual.
¡Carguen arcos!
Una nueva batalla, de las más clásicas. Los soldados dan palos de ciego y se matan entre ellos. Las defensas no defienden.
Y, mientras, la luz entra a través de las cortinas y llena la estancia de una bruma cargada de magia e intimidad...
11 de junio de 2017
Dinamismo estático alterado.
Somos seres erráticos. Nos metemos en el fango hasta el cuello, pero es nuestra naturaleza. Es lo que debe ser. Así aprendemos y vivimos. Improvisando, aunque a veces salga mal.
No existe la persona ideal. Igual que nadie tiene una vida perfecta. Las desavenencias son parte del todo, del mismo modo que tenemos el privilegio de vivir auténticas maravillas. Por eso es tan importante tenerlo en cuenta y tratar de gestionar los imprevistos de la mejor manera. Subidas y bajadas. Nada dura para siempre porque nada es estático. Todo fluye en constante cambio, fluctuando a veces de un extremo a otro.
El cambio es una oportunidad.
Si no lo aprovechas, si ni siquiera lo aceptas, acabará por asfixiarte. Aceptar lo que no se puede cambiar, ser valientes de cambiar lo que alcancen tus dedos, mejorar, diseccionar nuestro ser y cuestionarnos a cada rato. Saber quiénes somos pero, sobretodo, quiénes queremos ser.
Gentileza y coraje.
Reflexión y autoestima.
Aprovechamiento de todos los potenciales descubiertos y por descubrir.
Acéptate, pero no aceptes ser un humano estático. Ambiciona más de ti, conócete con la pasión con la que se descubre la trama de un buen libro. Saborea cada momento, acompañado de ti y de los demás.